Agile: Metodologías ágiles para proyectos de innovación

El cambio vertiginoso en las nuevas formas de consumo, los saltos abismales de tecnología que se viven a diario, las ganas de ser sorprendidos por contenidos y los productos y servicios de las personas son una de las palancas clave para que las empresas se adapten a la velocidad con la que el mundo está cambiando hoy en día.

Es por eso que las metodologías tradicionales de gestión de proyectos que manejaban de manera rígida y jerárquica procesos de trabajo han quedado atrás. Estos utilizaban los llamados flujos de cascada, generando así documentación muchas veces innecesaria, centrándose en cumplir contratos y perdiendo el foco en el usuario y la comunicación con el cliente. Destacaban por la poca adaptación a los cambios y en consecuencia a ello, realizar modificaciones resultaba más difícil e incurría en un coste mayor conforme más tarde se descubrían. Al trabajar enfocados hacia objetivos más grandes y hacia metas más lejanas, el equipo de trabajo vivía en un ambiente de trabajo desmotivado y agotador por no ver cambios inmediatos.

Las metodologías ágiles permiten abordar retos de manera eficaz e innovadora, creando productos y servicios enfocados en las necesidades de las personas, permitiendo llegar antes al mercado de manera acertada.

Estas metodologías han sido remplazadas por nuevas metodologías ágiles que permiten adaptarse a procesos de experimentación y cambio. La mejora continua a través de un desarrollo iterativo e incremental, el trabajo colaborativo y el contacto permanente con el cliente/mercado permiten que las empresas estén orientadas hacia el valor y la innovación, respondiendo al cambio que se vive de manera latente en el contexto actual.

Las metodologías ágiles además, permiten establecer objetivos a corto plazo, organizados por importancia, enmarcados en un bloque de tiempo cíclico que permite medir y ver resultados de manera continua.

Preguntas como qué se hizo ayer, qué se hará hoy y qué bloqueo impide lograr los objetivos se hacen de manera diaria, permitiendo conectar los equipos de trabajo, mejorando la comunicación entre ellos y dando así una respuesta ágil a los problemas que se van presentando.

Una claro ejemplo de empresas que han adaptado un entorno ágil es el banco BBVA, que desde 2014 empezó creando equipos multidisciplinarios con autonomía para organizarse. En un principio y como en todo cambio, se generó cierta resistencia en el momento en el que las jerarquías sentían que perdían control sobre los proyectos que llevaban; sin embargo, en menos de un año la incertidumbre dio paso a equipos motivados, generando con mayor agilidad nuevos productos que podían lanzar anticipadamente al mercado.

Los directivos pasaron a tomar el rol de coaches, siendo líderes inspiracionales que empoderaban los equipos. Rápidamente el modelo ágil se expandió por la organización y llegó a todos los equipos de negocio, permitiendo romper esquemas y apostando por el cambio, la transformación y la innovación. Hoy en día la metodología ágil dentro del banco trascendió a un “modelo de liderazgo”. En el 2017 ya se encontraban 4.000 empleados trabajando bajo esta metodología, y en el 2018 eran 33.000 personas dentro de la cultura del agilismo.

The Standish Group, una consultora de investigación independiente, presentó un informe sobre un estudio que realizó entre el 2013 y el 2017 con diferentes proyectos, dando como resultado que los proyectos realizados bajo las metodologías ágiles tenían dos veces más probabilidades de éxito sobre las metodologías tradiciones y un 1/3 menos de probabilidad de fallar.

Es así como vemos que las metodologías ágiles se pueden adaptar a diferentes sectores, y así mismo las empresas pueden afrontar las situaciones cambiantes bajo la metodología que más se acerque a sus valores, dando como resultado equipos motivados y clientes satisfechos con soluciones altamente rentables.

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